Con la mirada perdida,
trato de ver el ojo
de la tormenta,
vientos fuertes me lo impiden,
la arenilla,
el polvo me contaminan.
Anhela mi piel la brisa,
la calma,
esa sensación extraña
pero satisfactoria.
Anhelo de mi,
hecho de menos
los días que reía
la paz que asechaba.
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